Dios le dijo a su pueblo:
«Gente de Judá,
ustedes llevan el pecado
grabado en el corazón.
Sus altares están marcados
con su rebelión.
»Los altares y las imágenes de Astarté
que ustedes levantaron
bajo los grandes árboles
y en las altas colinas
son un peligro para sus hijos.
»Yo entregaré a sus enemigos
todo lo que ustedes tienen,
hasta sus altares y tesoros.
Esto lo haré por los pecados
que cometieron en su territorio.
Por su propia culpa perderán
el país que yo les había dado.
Serán esclavos en una tierra
que ustedes no conocen.
»¡Es tan grande mi enojo
que parece un fuego
que nunca se apaga!
»Yo, el Dios de Israel, declaro:
“¡Maldito quien confía en los demás!
¡Maldito quien confía en sí mismo!
¡Maldito quien se aleja de mí!
Son como las espinas del desierto,
que nunca disfrutarán del agua,
pues viven en tierras áridas,
donde nada crece.
”¡Pero benditos sean aquellos
que solo confían en mí!
Son como árboles plantados
a la orilla de un río:
extienden sus raíces hacia la corriente,
el calor no les causa ningún daño,
sus hojas siempre están verdes
y todo el año dan fruto.
”Ustedes se creen buenos,
pero son malos y mentirosos;
¡no tienen remedio!
Solo yo, el Dios de Israel,
sé muy bien lo que piensan,
y los castigaré por su mala conducta.
”Los que se vuelven ricos
haciendo trampa,
perderán sus riquezas
y, cuando menos lo esperen,
acabarán en la miseria”».
Yo, Jeremías, dije:
«El templo donde tienes tu trono
desde un principio está en lo alto;
¡es un lugar muy hermoso!
»Los que te abandonan
quedarán avergonzados.
¡Desaparecerán como el polvo
que se lleva el viento!
»Solo tú, Dios de Israel,
eres la fuente de vida.
¡Tú eres nuestra única esperanza!
»Dios mío,
solo tú mereces mis alabanzas.
¡Devuélveme la salud,
dame salvación!
Así viviré feliz y en paz.
»La gente de Judá me dice:
“Dios no ha cumplido sus promesas.
¡Queremos que se cumplan ya!”
»Dios mío, yo no te pedí
que castigues a tu pueblo;
al contrario, lo cuidé
como un pastor a sus ovejas.
Cuando estoy en peligro,
tú me proteges.
¡No dejes que el miedo
se apodere de mí!
¡Avergüenza a mis enemigos,
pero no me avergüences a mí!
¡Haz que tiemblen de miedo,
pero a mí no me asustes!
¡Mándales tiempos difíciles,
y destrúyelos de una vez!»