Cómo librarme del dominio del pecadoMuestra
Ahora somos sacerdotes dentro del reino de Dios
La herencia de los santos en luz no se ha manifestado todavía en su infinita riqueza, pero el acto divino por el cual los creyentes fueron hechos idóneos para ella, ya ha tenido lugar, en virtud a que ya se ha manifestado a este mundo la obra de Cristo, y se manifestará en la plenitud de la gloria que imparte la «parusía» (llegada del nuevo gobernante) de Cristo.
Los redimidos somos ahora sacerdotes dentro del reino de Dios. Aptos para participar de la herencia de los santos en luz, una herencia en la cual hasta ahora hemos recibido un anticipo de la plenitud que hemos de disfrutar.
La herencia de los santos habla del ahora y el estar aún. Nuestra herencia aún no se ha manifestado en su infinita riqueza, pero el acto divino por el cual los redimidos hemos adquirido tal derecho y beneficio ya ha tenido lugar. El reino de Dios ya ha irrumpido en este mundo en la obra redentora de Cristo, se completará en un día en la plenitud de la gloria que sólo el reinado pleno de Cristo revelará. Hay una consumación futura de que esta vida es solo un anticipo, pues todavía vivimos en un cuerpo corruptible que será vestido de incorrupción.
La comunión del Padre y del Hijo se expresa en las palabras: «... su amado Hijo». Estas significan literalmente: el Hijo del amor de Él. La de ellos es una comunión de amor. Jesús no solo es el objeto del amor de Dios, sino que también es la expresión de su amor por la humanidad perdida. Dios nos dio a su único Hijo para demostrar la grandeza de su amor. Jesús demostró su amor por el Padre al hacer «como el Padre le mandó».
La expresión «reino de su amado Hijo», no debería entenderse que se trata de un lugar geográfico o un sitio al que vamos cuando nos morimos, sino de un ámbito de autoridad y gobierno presente y futuro, al que entramos al nacer de nuevo, donde el reinado de Dios expresa su voluntad soberana; allí sus planes y propósito eterno se van estableciendo progresivamente.
Acerca de este Plan
El hijo de Dios necesita conocer la Palabra para entender cómo librarse del dominio del pecado en su vida. Pues al creer, fue sacado de la potestad de las tinieblas y trasladado al reino del amado Hijo de Dios. Sin embargo, este acto de Dios, debe ir acompañado de un proceso que vive cada nacido de nuevo, para que el pecado que antes lo gobernaba ya no lo gobierne más.
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Nos gustaría agradecer a Basilio Patiño en colaboración con El Centro Network por facilitarnos este plan. Para obtener más información, por favor visítenos en: www.redrema.org www.elcentronetwork.com