Hizo venir hambre a aquella tierra,
y les quitó todo alimento.
Pero envió delante de ellos a José,
al que habían vendido como esclavo.
Le lastimaron los pies con cadenas;
¡lo aprisionaron con hierros!
La palabra del Señor puso a prueba a José,
hasta que se cumplió lo que José había anunciado.
El rey, el que gobernaba a mucha gente,
ordenó que le dieran libertad;
lo nombró amo y señor de su casa
y de todo cuanto tenía,
para que enseñara e hiciera sabios
a los jefes y a los ancianos.
Vino después Israel, que es Jacob,
y vivió como extranjero en Egipto,
en la tierra de Cam.
Dios hizo grande en número a su pueblo,
y más fuerte que los egipcios.
Pero hizo que los egipcios
se pusieran en contra de su pueblo
y engañaran a los siervos de Dios.
Entonces Dios envió a su siervo Moisés,
y a Aarón, a quien había escogido,
y ellos realizaron señales de Dios en el desierto:
¡grandes maravillas en la tierra de Cam!
Envió Dios una oscuridad que todo lo cubrió,
pero los egipcios desatendieron sus palabras.
Convirtió en sangre el agua de sus ríos,
y mató a sus peces;
infestó de ranas el país,
y aun la alcoba del rey.
Habló Dios, y nubes de tábanos y mosquitos
invadieron el territorio egipcio.
En vez de lluvia, envió granizo
y llamas de fuego sobre el país.
Destrozó sus viñas y sus higueras;
¡destrozó los árboles de Egipto!
Habló Dios, y llegaron las langostas;
¡tantas eran, que no se podían contar!
¡Devoraron la hierba del campo
y todo lo que la tierra había producido!
¡Hirió de muerte, en Egipto mismo,
al primer hijo de toda familia egipcia!
Dios sacó después a su pueblo
cargado de oro y plata,
y nadie entre las tribus tropezó.
Los egipcios se alegraron de verlos partir,
pues estaban aterrados.
Dios extendió una nube para cubrirlos
y un fuego para alumbrarlos de noche.
Pidieron comida, y les mandó codornices,
y con pan del cielo los dejó satisfechos.
Partió la roca, y de ella brotó agua
que corrió por el desierto como un río.
Pues se acordó de la santa promesa
que había hecho a su siervo Abraham.
Fue así como Dios sacó a su pueblo escogido,
entre gritos de alegría,
y les dio las tierras de otras naciones
y el fruto del trabajo de otros pueblos,
para que respetaran y atendieran
las leyes y enseñanzas del Señor.