»Esos babilonios son muy orgullosos, pero ustedes, que son humildes, vivirán porque confían en mí. Los babilonios son orgullosos, son traicioneros como el vino; su hambre de poder los hace conquistar naciones y pueblos enteros. Son como la muerte, que siempre quiere más; son como la tumba, que nunca está satisfecha. Pero un día serán humillados. Las naciones se burlarán de ellos y les cantarán esta canción: “¡Qué mal te va a ir Babilonia! ¡Te hiciste rica con lo ajeno! ¿Cuándo vas a dejar de robar?” »El día que menos lo esperes, tus víctimas se vengarán de ti; te harán temblar de miedo y te quitarán todo lo que tienes. Tú les robaste a muchas naciones, pero otras naciones te robarán a ti. Así pagarás todos tus crímenes, tu violencia contra nuestro país, contra nuestras ciudades y sus habitantes. »¡Qué mal te va a ir Babilonia! Hiciste ricos a los tuyos mediante el robo y el engaño. Creíste que así los librarías de caer en la desgracia, pero lo único que hiciste fue ponerlos en vergüenza. Quisiste acabar con muchos pueblos, y tú misma te hiciste el daño. ¡Las paredes de tus ciudades son testigos de tu maldad! »¡Qué mal te va a ir Babilonia! ¡Has construido tus ciudades mediante el crimen y la violencia!
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