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MARCOS 8:1-30

MARCOS 8:1-30 DHHE

Un día en que de nuevo se había juntado mucha gente y no tenían nada que comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: –Siento compasión de esta gente, porque ya hace tres días que están aquí conmigo y no tienen nada que comer. Y si los envío en ayunas a sus casas pueden desfallecer por el camino, porque algunos han venido de lejos. Sus discípulos le contestaron: –¿Pero cómo se les puede dar de comer en un lugar como este, donde no vive nadie? Jesús les preguntó: –¿Cuántos panes tenéis? –Siete –dijeron ellos. Mandó entonces que la gente se sentara en el suelo, tomó en sus manos los siete panes y, habiendo dado gracias a Dios, los partió, los dio a sus discípulos y ellos los repartieron entre la gente. Tenían también unos cuantos peces; Jesús dio gracias a Dios por ellos, y también mandó repartirlos. Todos comieron hasta quedar satisfechos, y llenaron todavía siete canastas con los trozos sobrantes. Los que comieron eran cerca de cuatro mil. Después de esto, Jesús los despidió, subió a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta. Llegaron los fariseos y comenzaron a discutir con Jesús. Para tenderle una trampa, le pidieron alguna señal milagrosa que probara que él venía de parte de Dios. Jesús suspiró profundamente y dijo: –¿Por qué pide esta gente una señal milagrosa? Os aseguro que no se les dará ninguna señal. Entonces los dejó, y volviendo a entrar en la barca se fue a la otra orilla del lago. Se habían olvidado de llevar algo de comer y solamente tenían un pan en la barca. Jesús les advirtió: –Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes. Los discípulos comentaban entre sí que no tenían pan. Jesús se dio cuenta de ello y les dijo: –¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿Todavía no comprendéis ni entendéis nada? ¿Tan embotada tenéis la mente? ¿Tenéis ojos y no veis, y oídos y no oís? ¿Ya no recordáis, cuando repartí los cinco panes entre cinco mil hombres, cuántas canastas llenas de trozos recogisteis? Ellos contestaron: –Doce. –Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántos cestos llenos recogisteis? Contestaron: –Siete. Entonces les dijo: –¿Todavía no entendéis? Llegaron a Betsaida, y llevaron un ciego a Jesús y le rogaron que lo tocara. Jesús tomó de la mano al ciego y lo sacó fuera del pueblo. Le mojó los ojos con saliva, puso las manos sobre él y le preguntó si veía algo. El ciego comenzó a ver y dijo: –Veo gente. Me parecen árboles que andan. Jesús le puso otra vez las manos sobre los ojos, y el hombre miró con atención y quedó sanado: ya todo lo veía claramente. Entonces lo mandó a su casa y le dijo: –No vuelvas al pueblo. Después de esto, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de la región de Cesarea de Filipo. En el camino preguntó a sus discípulos: –¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos contestaron: –Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que eres Elías, y otros, que eres uno de los profetas. –Y vosotros, ¿quién decís que soy? –les preguntó. Pedro le respondió: –Tú eres el Mesías. Pero Jesús les ordenó que no hablaran de él a nadie.

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